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lunes, 28 de septiembre de 2009

Y con ustedes…


- Generalmente es ella quien apaga en las noches las luces de su casa.
- No te dirá que le gusta lo mismo que a ti para ser de tu agrado.
- Es soñadora, e imaginativa, sensible y algo pendeja. O sea, demasiado piscis.
- Vacía la papelera de reciclaje frenéticamente.
- Se le hace imposible dormir con la puerta de su habitación abierta. Piensa que se puede meter…no se, Pinocho, un mojtro, la Sayona, Flipper, ¡cierra esa puerta!
- Le da tantas vueltas a un mismo asunto que al final lo descuida casi por completo. Es como si su inmunda tendencia pseudo-perfeccionista la defraudara.
- Se le dificulta leer con música.
- Qué no daría por convertir su cabeza en un álbum para poder sacar las fotos que no le gustan y cortarlas en cuadritos diminutos, haciendo de sus malos recuerdos trocitos de papel.
- Apenas puede devolverle la mirada a alguien a quien ella sabe la está mirando.
- En ocasiones intenta descubrir más de si misma, diciéndose: “mucho gusto, soy tú, y tú ¿quien eres?”. Por momentos se reconoce, otras veces, se queda con el brazo extendido.
- No remienda lo que sabe que no tiene arreglo.
- Le agrada cuando comienza a caer el sol.
- A los idiotas los distingue fácilmente. Pero ¡vamos! que no son difíciles de reconocer.
- Es pareidolica, sobre todo en el baño y cuando se acuerda que eso existe.
- Realista, lo suficiente como para estar conciente que lo es.
- Dispersa…bueno, casi siempre.
- Le causa algo de cólera dar dinero a cambio de agua… ¡ah!, y sombra.
- Le agrada el humor de Mauri Hidalgo en la serie que la tiene mal pegada: “aquí no hay quien viva”, versión española.
- Torpe que jode.
- Y muchas veces absurda.
- Es un hibrido entre alguien que quiero conocer con ansias y alguien con quien no quisiera tropezar ni por error.
- Se le dificulta decir “no”.
- En momentos, puede pensar que cuando habla está mal, pero cuando calla extraña todo aquello que provocan sus palabras.
- ¿Ya mencioné lo absurda que es?

Hoy, en un martes acabado de estrenar, admito que convivir con ella ha sido placentero, a pesar de que no se calla, sobre todo por las noches, que me susurra al oído tantas cosas y trae a colación otras que intento olvidar. Pero me las recuerda con su crueldad quisquillosa de quinceañera. Ah, pero no es para tanto. Me ha resultado una muy buena compañía. Todos los días aprendo a lidiar con su silencio que, de sorpresa, se convierte en un vil asecho de palabras; a descifrar su tolerancia ficticia en situaciones en las que realmente le provoca patear testículos. Quién la entiende. Bueno, yo. Yo sí la entiendo. Es tan tonta como cantar con un peine en la ducha. Pero…a fin de cuentas, cantar en la ducha es un deleite. Brindo por ella y…por que hoy es hoy.
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martes, 22 de septiembre de 2009

O nada



Heme aquí. El mundo moviéndose y yo inerte, con los ojos vidriosos, enjuagados de lágrimas, tratando de ignorar a Fulanitos y Perencejos, que me obcecan de tal manera que sucumbo en cólera. Esa que torna ácido mi humor, hipócrita mi sonrisa e irónicos mis actos. En mi vida, la divertida, hay intervalos grises, que desembocan en un enorme poso de brea…que me entumece, que me entristece, que me carga las lagrimas de una sustancia pesada, que duele y me incinera las mejillas.

Tú, quitecito allí. Que si por pura suerte sobreviviste a las líneas anteriores, no te será difícil leer lo que sigue.

En mi vida, la aburrida, hay sorpresas y agradables desenlaces, llamadas telefónicas y escenas que merecen aplausos. Caramba, esto ha sido puro error de cálculo en la concreción de mí ser. Me parece que es bueno encarnar a la protagonista que va por la vida desarmando sus emociones y ondeando sus sueños como banderas. Pero, ciertamente es más cómodo ser el personaje secundario, que esquiva la algarabía y toda intención de posar debajo del foco más fluorescente, que no se viste de gala ni corretea por las aceras preocupada por encontrar su mejor pose.

Entre una vida y otra, estoy yo, desnuda, en primera fila, deslumbrada viendo como el telón asciende con elegancia y las otras versiones de mí hacen su debut sobre las tablas. Se libran de sus temores, pavoneándose entre las luces, tan dueñas de sí, conmoviendo a una audiencia inmersa en furor. Lanzan la bufanda que cae sobre mi desnudez y aplaudo fundida en rabietas que se reproducen a cuenta gotas, que por momentos se disipan entre el éxtasis de una felicidad hechicera que tan pronto como me descuido, se esfuma. Y me pregunto porqué demonios. Asciende de nuevo el telón y con sutil perspicacia ellas conquistan la atención. Sacuden sus vestidos y dejan caer el sombrero. Abren los brazos y se embriagan de aplausos.

Y, exhausta, me detengo. Quiero creer que todo gira en torno a una escena que no me correspondía, que mi nombre no tuvo lugar en aquella obra, ni entre los personajes. Pero el mundo sigue girando y el público atento.
Aquí no hay “¡corten!”, ni dobles.


O yo y mi disposición, o nada. Y aunque haya considerado “nada” como una opción, ahora me apresuro a encontrar una orilla, como el mar, cerrar los ojos y apoyarme en lo que quiero y en lo que soy, y quizás darme tiempo para la próxima función.

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sábado, 19 de septiembre de 2009

Common Reactor

Repìtela otra vez, por favor.
La coloco en modo repetición y a partir de allí me ausento...



jueves, 17 de septiembre de 2009

Atentamente, Quién te mata


Sombras violentas corrompieron mis recuerdos y pernoctan en mi mente arbitrarias obsesiones, ocultando bajo un antifaz transparente las ganas de remendar tus labios agrietados y sonrisa quebradiza que se muestra descaradamente alrededor, con la multitud que te escupe pedazos de conciencia, que terminan en alucinaciones inminentes que fertilizan la tierra muerta bajo tus pies.

La cabaña que habitamos de madera añejada nos obliga a tener un contacto prosaico, tomar el té que acaricia mi olfato justo cuando se cierne sobre ti una brisa ofuscada de noche recia, momentos que a pesar de la lluvia, invitaban a mi cuerpo a empaparse con el ardor convaleciente del espacio espeluznante entre tú y yo.

Hace falta aire en esta sala, tu mirada desorbitada inspira temor, te ves absorto en meditaciones profundas, casi impenetrables, satirizando meticulosamente las penumbras que alborotan los gestos inmunes a la tormenta que estremece mi ser.

Con un gesto áspero te acercas a mí, retumbando los pasos y observándome en un silencio sospechoso, me quedo estupefacta mientras inmiscuyes tu nariz muy cerca de mi cuello, olfateando un rastro de miedo, buscando el aroma que tiene el dolor.


El ambiente se torna hostil, tu ademán depredador erizaba mi piel, sin embargo, no había nada que me permitiera bajar la guardia ante esta noche estruendosa, que se alía con tu ánimo conspirador.

Cruce algunas palabras contigo, con la esperanza de que mi voz no delatase que estaba a punto de sucumbir ante el pánico, toqué tu pecho sudoroso implorando la absolución, pero tu agresividad se puso en evidencia, abalanzándote sobre mí con perfidia en tus movimientos.


La pasión rencorosa con la que me flagelabas no era comparable con tu mandíbula arrancando trozos, dejando la marca de lo que representaba para ti, carne muerta, ése cadáver exquisito servido en un féretro inquebrantable.

Quiero y no quiero escapar, evitar y ser víctima de mis propias manos encharcadas del rojo espeso, de los hilos que me manejan cual títere, de todo lo que no sería si no hubieses omitido el primer paso, amarme.

Michelle Durán y Brayand García.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ójala no lo lea...

Ella es mi esencia, el centro de mi existencia, la alegría de saber que no hay misión ulterior en mi vida en la que no esté involucrada su naturaleza. Su sabiduría no es la acumulación de conocimientos, sino esa actitud, esa manera de ser y sentir, esa forma de cultivar una relación conmigo, con el mundo, la vida y con ella misma que hace que la vea con el rabito del ojo para aprender de sus estratégicas formas de iluminar hasta el rincón más sombrío.

Por ella he aplicado inútiles técnicas de autocontrol que terminan en gritos mudos para evitar gruñirle palabras suicidas en la cara. Ella hace que me provoque apuñalear almohadas y que sea rehén de mi habitación. Me hace admirarla en silencio, y que le aplauda los gritos que me regala como píldoras sedantes. Es que, sinceramente teniéndome a mí como hija, yo gritaría más fuerte.

He engranado mis defectos con los de ella, hemos chocado hasta el punto de quebrarnos la paciencia en pedacitos. Es que… es difícil lidiar con su carácter forzoso, arriar con sus crisis de señora autoritaria que juega a ser democrática, cuando me recuerda que siempre seré su niña, aún cuando tenga 67 años. Ella es con quien de pronto quiero ser muy cariñosa, pero no del todo abierta, sincera o descarada. Pero es sin duda quien mejor sabe contagiarme una risa prolongada, de esas que se quedan suspendidas en el aire y dificultan retomar el aliento. Es la persona cuyo perfume me hace sentir que lo malo no es tan malo como parece.


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