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martes, 24 de noviembre de 2009

Pelos en el jabón


Hubo hace un pocotón de años algún señor de calvicie evidente, a quien se le ocurrió soltar palabras a mansalva y no darles un orden lógico. Luego apareció otro señor de bigotito teatral y bautizó lo que hizo el primero como dadaísmo.
Entonces, ambos, en un acuerdo de sabios y locos, se estrecharon las manos y decidieron que los que quedábamos de humanidad y civilización tendríamos que apiñar en las ramas de nuestros conocimientos eso que acababan de hacer. Y ya. Así quedó. A estas altura del texto aún no se si estoy reclamándole algo a ellos, nuestros antecesores o, por el contrario, agradeciéndoles que hayan nutrido nuestros libros de historia, filosofía y algebraica.
Lo cierto es que, presiento que TODO lo que sabemos se basa en nada, lo cual corrresponde a cualquier cosa que a cualquiera se le puso haber ocurrido en cualquier momento. Estaría muy agradecida si relees eso último. Necesito que vayas a la par conmigo. Anda. A ver. Lo que intento decir es…la hipotenusa es elegante y educada porque así un matemático educado y elegante lo quiso. Napoleón Bonaparte murió de lo que murió porque sí, punto, nadie puede alterar ese hecho histórico. Bien. Pero, gran parte de nuestra "historia" está labrada por gente que determinó construir un futuro, y es ese futuro lo que estamos viviendo hoy. Quién decidió que la religión regiría nuestro vivir, que el dadaísmo fuese un factor aplicable al orden del arte, quién decidió que lo lindo sería lindo y lo feo no merecía ser admirado por nadie. O sea, que si nos provoca colocarle nuestro apellido a una teoría que atenta contra "lo bueno", "el orden" y "lo establecido" ¿podría ser aceptada, ejecutada y plasmada en la línea histórica de nuestra humanidad, aún si alterase ese TODO por el cual pataleo?, ¿quién es dueño de la verdad?, ¿quién ratifica o descarta?, ¿cómo se hace eso? Ponte tú que alguien quisiera hacer de contar los pelos del jabón una ciencia, nadie tendría la potestad de decir que sus criterios no pueden estar sujetos a revisión, darles valor y adaptar eso como una información digna. Y se que una ciencia –debo precisarlo- va más allá de este ejemplo infame que acabo de dar, sin embargo me funciona para retener la idea que torpemente intento expresar. Recordemos que estoy escribiendo impensadamente. Serena allá afuera y he batido mi propio record de bostezos por minuto. No, sólo por aclarar.
Quién dice que la rabia que un tipo refleja en su obra con una pincelada "verde moco" merece ser el punto focal de una sala familiar. Quién decide que no luce cutre y provoca cólicos de tan sólo verlo. Quién dice que lo Kitch es una grosería al arte o que no se puede romper con las tradiciones y remodelar lo que está establecido. Que todo lo que es ASÍ sea ASAO. Que todo lo que ya está creado sea alterado por las convulsiones intelectuales tuyas, mías o de otro señor con folículos pilosos débiles.
¿Quién nos dicta las leyes de la invención y del saber?


Señoría, no hay más preguntas.

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