Vamos con mis "quieros", porque cuando deje de querer, ya no me querré.
Creo que dí con la solución: un reencuentro, sí señor. Quiero reírme conmigo y de mí, aunque en el ínterin me provoque llorar, pero descuida que serían sólo lágrimas de estrógeno, nada como para dejar de hacerse la raya del ojo. Quiero obsequiarme algunos días con mi voz interna y todos los gastos pagos, terminar de leer ese libro pequeño, que de tanto descuido ya comienza a pesar. Hacer lo que me aconseja el techo: “préstame atención, mírame atónita y niégame al amanecer”. Ya aprendí que el tiempo no acepta sobornos, por eso me pongo de su lado, es más, en sus zapatos, para recorrer su mismo camino, sin prisa, sin reniegos. Hacer del silencio una carta bajo la manga, como antes. Quiero arrancar las noticas del monitor y borrar otras de la pizarra, del celular, ya que notar que lo anoto todo hace que se me note lo loca.
Quiero hacerme la sorda, la muda, la bruta. Definitivamente, necesito reunirme con ese montón de detalles que solían arquearme los labios en sonrisas simples, sin condiciones. Tenía de mejor amigo al sofá y me dormitaba en él, contemplando como algunas mariposas cocainómanas chocaban contra la luz, haciéndola espabilar. Eran temporadas de escuchar las confesiones de la almohada y dejarla hablando sola. Necesito que mis ideas se forjen como piezas de tetris, que encajen y encuentren forma en su propia abstracción. Quiero volver a minúsculas. Dejarme de ansiedades. Dejarme de terrores. Comulgar un poquito con mi vieja amiga…
Acompañarme no lo es todo, pero sí bastante, por eso opto por quedarme en mí.
Abre paréntesis guión piso guión cierra paréntesis zeta zeta zeta


