
Me gusta dejar colgada la cabeza del borde de la cama, colgados los hombros, colgado el cabello; que grandes torrentes de sangre fluyan a mi frente y me encharquen los ojos. Así consigo verter -casi literalmente- todo lo vivido en el suelo, que se derrame y tome otra dirección. Al final de cuentas, sobre el colador sólo quedan los recuerdos. Aprovechando que todo se ve al revés, me hago unas cuantas preguntas en voz alta, para probar si escuchándome obtengo respuestas concretas, nada de relatividades, sólo verdades más presentes, que causen efectos. A nadie le gusta escuchar las cosas tal cual son, menos si eres tú quien te las dices. Responderte es un atajo a la raíz de todo lo que evades por temor a las trescientas ochenta y cinco excusas que te separan de lo que quieres.
Y cuando apenas comienzas a acostumbrarte, "cambian las preguntas".
(qué bueno tenerlo por aquí, Don Benedetti)
Sí, esto de ser humano es uno de los quehaceres más difíciles del universo conocido. Tamaña responsabilidad. Habitar un cuerpo que no diseñaste y como si NO fuese suficiente, aprender a convivir con una unidad intangible que se ubica nadie sabe dónde, denominada mente, que imagino funciona como un péndulo y donde se concentra una masa abundante de ideas responsables de todo lo que nos rodea. La mente es capaz de succionarnos a otro plano, hacernos dizque soñar despiertos, y %”·$/½…
ya no tengo ni benedicta idea de lo que digo...
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