[POST ACTUAL]: LA CASA DE LOS ESPÍRITUS DE ISABEL.

[PRÓXIMO POST]: CÁPSULA Nº 6: SOFÁ.

[TRAGO DEL DÍA]:

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jueves, 22 de abril de 2010

384,385,386...


Me gusta dejar colgada la cabeza del borde de la cama, colgados los hombros, colgado el cabello; que grandes torrentes de sangre fluyan a mi frente y me encharquen los ojos. Así consigo verter -casi literalmente- todo lo vivido en el suelo, que se derrame y tome otra dirección. Al final de cuentas, sobre el colador sólo quedan los recuerdos. Aprovechando que todo se ve al revés, me hago unas cuantas preguntas en voz alta, para probar si escuchándome obtengo respuestas concretas, nada de relatividades, sólo verdades más presentes, que causen efectos. A nadie le gusta escuchar las cosas tal cual son, menos si eres tú quien te las dices. Responderte es un atajo a la raíz de todo lo que evades por temor a las trescientas ochenta y cinco excusas que te separan de lo que quieres.


Y cuando apenas comienzas a acostumbrarte, "cambian las preguntas".
(qué bueno tenerlo por aquí, Don Benedetti)



Sí, esto de ser humano es uno de los quehaceres más difíciles del universo conocido. Tamaña responsabilidad. Habitar un cuerpo que no diseñaste y como si NO fuese suficiente, aprender a convivir con una unidad intangible que se ubica nadie sabe dónde, denominada mente, que imagino funciona como un péndulo y donde se concentra una masa abundante de ideas responsables de todo lo que nos rodea. La mente es capaz de succionarnos a otro plano, hacernos dizque soñar despiertos, y %”·$/½…


ya no tengo ni benedicta idea de lo que digo...


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lunes, 19 de abril de 2010

Huésped

Se me hace necesario hablarte, así en plan charla relajada, sentados en un café de esos cuyos meseros cumplen con el riguroso requisito de la torpeza. Quiero decirte, amor mío y de muchas más, que nunca fuiste mi favorito, pero da la casualidad que di contigo en el momento más vulnerable de mi vida, cuando tenía la tensión baja y ni con azuquita subía. Yo te dedicaría una canción, pero tan poco memorable le eres a mi piel que reboto en el intento. Te ruego la perdones. Parlamentemos un poco, que nunca lo hicimos, invece hablábamos de lo mucho que te gustaba el calor de la playa y la arena entre los dedos, mientras yo asentaba con la cabeza para economizar discusiones. A estas alturas confieso, desagüe de mis dolores, que me heriste en el ventrículo derecho y otros toboganes carnosos del músculo de los poetas; pero yo hice del dolor una estructura monocigótica que aborté, y aquí estoy, esperando que el mesero deje de verle el derrière a la rubia para que me traiga azúcar de la morena.
De que te olvido, te olvido; que si te extraño, cielo, juguemos a decirnos la verdad. Es que ni cuando andaba de tu mano te sentía conmigo, eras viento haciendo espacio en el camino. Vamos, no te ahogues, que no tienes derecho a hacerte el sorprendido. Siempre supiste que te detestaba con fuerza intestinal, pero algo había en ti que... fue esta infusión la que nos unió, y la que espero nos separe en esta tarde de sol playero, tal como te gusta. Dile al mesero que se acerque si quiere evitar una trifulca. ¿No has notado algo? Hoy hemos vencido varios temores, nos tratamos mejor de parlantes que de novios. “Novios”, eso sólo es una canción de Manzanero. Date cuenta que nos miramos a los ojos, nos escuchamos, y me río de tus tonterías porque realmente me causan gracia. Borramos algoritmos para sumar uno+nosotros=uno. Lamento la risita maliciosa, pero ambos sabemos que juntos somos nada. A pesar de todo, tienes licencia para acercarte y susurrar sin censura, aprovecha que mi oreja hoy acepta sobornos de huéspedes como tú.
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viernes, 16 de abril de 2010

Estar sin existir


Eran las 11:49 de una noche fría como tus pies. Y me aburrí sin pretensión de hacerlo, por lo que le di la orden a mi cuerpo de levantarse a vagar, como si entre las sábanas estuviesen enredadas mis melancolías, y buscara huir de ellas.
Esa noche fue larguísima, como la palabra misma. Se me antojaron aceitunas; por suerte había un frasco en la nevera, pero de tanto estar allí, había desaparecido. Es el mismo fenómeno de “estar sin existir” que sufren los floreros, los pósters, los ancianos, tu corte de cabello, y en casos marginados, tú. Porque hay cosas que se vuelven invisibles por permanecer mucho tiempo en un mismo lugar, colocados de la misma manera, en una sola condición, tan inertes que se desvanecen.
Semidesnuda me paseé por la casa, fundí mi anatomía con la oscuridad, tanteando las paredes para no estamparle la frente a ninguna. Me hallaba inquieta, sedienta, sulfurada, con la sensación de estar en deuda con cuatro capitales, como quien ha saboreado la desdicha y le quedan los resabios. Prosperó la idea de amanecer en la sala, con un edredón entre el suelo y yo. Cuando estaba allí, mirando al techo, con esa rara actitud de nómada desahuciada, me pareció haberle visto clavículas a las lámparas. Mi cordura ha de perdonarme. Volví por exactamente tres aceitunas más. Qué espesas sentí las memorias entre bocado y bocado, fue saborear la pulpa del olivo mientras entendía que los recuerdos a veces se presentan tan perceptibles y cercanos que pueden llegar a tener aromas, es más, quien esté dispuesto, puede jugar al comensal vinícola que distingue a punta de olfato el año de la cosecha. Cualquiera puede, pero en mi caso, se necesitó un frasco de fruto inexistente y música de barcito en quiebra.

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domingo, 11 de abril de 2010

Cosas de gente grande

Si tuviese una cámara de gente grande, no les tomaría fotos a verduleros apilando a las lloronas de las cebollas.


Ni a pies sin cara.
Ni a manos arrugadas.
Ni a flores en plena pubertad.
Ni a gente riéndose.
Ni a huelgas caraqueñas.
Ni a bebés.
Ni a besos.

Le tomaría fotos a indigentes de ojos miel, a los labios de un hombre que acaba de llorar, porque quedan como abultados e indefensos. …y las comisuras más delineadas. Haría posar al Ávila, pero no toda su magnificencia, sólo recortes de ella. Enfocaría las caderas evidenciadas de niñas que escandalizan al vestir, para captar esa idea de delgadez no sufrida. Quisiera tener una colección de gente que atraiga las miradas, así como los pelirrojos de rulos o las ancianas de pelo lila y lentes grandes. No quiero bufandas ni trapos peludos, pavos con pelos apuntando al cielo, ni mujeres con blue jeans. Omitiría también zapatos andando, patineteros en el aire antes de fracturarse, a cielos cliché o vidrios mojados de lluvia, no sin que haya alguien detrás.
Dejaría registro del antes, durante y después de un mordisco. Gotas, me gustan las gotas, sobre todo cuando tiemblan en la superficie después de haber cumplido su jornada. Por la persecución, le crisparía los nervios a las mariposas azules, a las mariquitas, a esos bichitos de nombres científicos impronunciables.
Me decantaría por los seres de redondez absoluta en el cielo, que trabajan por separado, pero cuando les provoca cuchichean en un eclipse: la luna y el sol. Tendría preferencia con la primera, es irresistible. Increíble que desde su altura de vértigo se le vean los continentes, un poco pixelados, pero entrecerrando los ojos se soluciona.

Si tuviese una cámara de gente grande, me sentiría grande y captaría todo eso que no puedo dejar de mirar.


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viernes, 9 de abril de 2010

martes, 6 de abril de 2010

Sala de espera

-Señorita, siéntese ahí por favor y espere su turno.
- Cómo no, eh, pero antes...me presta ese lapicero. Gracias, tan amable.





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domingo, 4 de abril de 2010

Blackjack


Miss Campanula notó que el croupier está guapo, entonces sabes qué, anda, vamos a jugar Blackjack.



UNO)

Hola, ¿cómo estás?


Bien



DOS)

¿Cómo quieres estar?


Mejor.




TRES)

¿Qué te causa miedo?

Me da miedo que la vida sea otra cosa que esos episodios que me invento a diario. Cuando la realidad surca mis espacios mentales sin previo aviso, se pone en evidencia esos pavores que me delatan en condición de cuidado maternal. Me desarma pensar que puedo ser alcanzada por las uñas de una sociedad que insiste en convertirnos en discípulos, hermetizando el pensamiento, haciéndonos fríos e insípidos. Nótalo. A veces adoptamos las propiedades de los envases, cosas con ese aspecto industrial, con ese corte clínico, de fábrica.



CUATRO)

¿Qué te causa nostalgia?



El colegio y su delicioso concentrado de pupitres, empanadas y lápiz, que en una sola mixtura me llevaba a casa.



CINCO)
¿Qué te causa gracia?

Entre otras cosas: las mujeres en las peluquerías, con los ojos aguados, siendo víctimas de la agresividad y el jamaqueo del secador. ¡Hilarante!


SEIS)

¿Algún proyecto en mente?


Montemos un restaurante que se llame “Punto y Coma”.

Frecuentado por gente cool, pero no tanto. O sea, gente que sea y no que finja ser. Que haya buenos licores, sofaces, poofs, ventanales grandes tipo loft, estantes con libros a la venta, una fuente, un piano y vitrinas de…bueno, de cosas. Que la música sea exquisita, además de la comida (raciones visibles). Sonará John Coltraine, Lawson Rollins, Michael Petrucciani, Tanguetto, Charles Aznavour, Rodrigo y Gabriela, Yanni, Yann Tiersen, Eric Clapton, Ludovico Einaudi, Moby, Raúl Di Blasio, y que se escape una de Calle 13, jajajajajaja. Ya va, jajajajajaja. Prosigo. Insisto en la decoración, debe ser impecable, que raye en lo retro y minimalista, nada asfixiante, más bien sencillo, sin mucha pretensión: paredes de color amable y detalles curiosos, que te hagan instalar los ojos en el techo, lleno de fotografías. En Punto y Coma las niñas disfrutarán del postre sin cargos de conciencia, habrá bululú los viernes, pero un asunto cordial. Estarán quienes cenen con los lentes de sol puestos, porque presiento que jamás desaparecerá ese hábito tan poco lógico de usarlos en espacios sin luz solar. Que de la sensación de haber estado en un jardín parisino, y quieras volver a tres pasos de haberlo abandonado. Que sea un lugar en el que se pueda, aparte de comer, respirar, cantar, conversar y leer. Que tenga el ambiente de Mccafé, sólo sin el aire acondicionado en modo “matar gente”. Que comprendas la carta y los cocteles se beban a grandes sorbos. Que sea gastro-anímico y no pierda el dulzor. Que, una vez estando dentro, la calma no sea un lujo, sino un requisito. Bienvenido, pase adelante.



SIETE)
¿Cuándo te sientes más defectuosa?

Cuando estoy confundida. Cuando lo estoy, no soy nada, sino un extremo, un absoluto, una eternidad, un infinito, un vacío, soy ausencia. Me siento vulnerable cuando me confundo, no se a donde apunta mi brújula. Sólo soy nada, preguntándome a dónde fueron todos…


OCHO)
¿Qué te aburre?

La respuesta anterior. Y entre otras cosas, el béisbol. Sí, ese deporte que consiste en un señor situado en medio del campo, de casco y cejas perfectamente depiladas a lo Wisin y Yandel, se jurunga el testículo derecho, le da un golpecito a su pie con el bate, se acomoda el casco, se jurunga el testículo izquierdo, se reacomoda ambos. Escupe, hace como que va a batear, hace círculos con los hombros, medio separa las piernas, le mete segunda a su “paquete” e insiste en escupir. En las gradas se siente una euforia a pesar de que en el campo no sucede… ¡nada!


NUEVE)
¿Alguna duda?

Señora, me puede explicar por qué usted sustituye “culo” por “fundillo”, gracias.



DIEZ)
¿Cuánto tiempo tarda la tristeza en salir?


Creo que en el mismo instante del daño, en el que la causa mueve el piso. Pero cada quien la manifiesta de distintas formas, algunos se desbocan, otros se contienen y la reservan para llorarla después, otros optan por la incomodidad de parecer estar bien, para librarse de la pregunta: “¿qué tienes?”. La tristeza no sólo “sale”, creo que es bidireccional. En ocasiones actúa contagiosa, la contraes porque parece estar en el aire.



ONCE)

¿Siempre sientes que eres la misma ?


Pero para nada. Estoy segura que si leo estas respuestas en un año, no me reconoceré. Cambiamos. Evolucionamos. Y con nosotros, nuestros puntos de vista, conceptos, hasta nuestros objetivos cambian, o al menos se alteran, por efecto de nuevas personas, el surgimiento de otras prioridades y mil influencias más. No soy la misma de hace un año, un mes, un día.



DOCE)

¿Quien está mal, el mundo o tú?


El mundo está mal como mundo, y yo no estoy del todo bien como persona. Por otra parte, a veces el mundo me hace estar mal, yo hago parte de lo mal que está el mundo, y para rematar, me siento mal que el mundo este así. ¡Próxima pregunta, por favor!


TRECE)
¿Qué crees que sucedería si se suprimiese el miedo a equivocarse?



Hubiesen más participantes en “¿Quién quiere ser millonario?”, todos nos creeríamos eruditos, nos zafaría el ego, no seríamos inseguros, los exámenes no serían causa de estrés, antes de actuar no nos preguntaríamos “¿qué es lo peor que puede pasar?”. ¡Qué se yo!

CATORCE)

¿Qué es lo peor que podría sucederte?


La palabra “peor” admite una lista kilométrica. Pero se me antoja responder: quedar amnésica.



QUINCE)
¿Qué esperas de la vida?


Vivimos esperando siempre algo, aunque no sepamos con exactitud qué, estamos a la expectativa, con los oídos atentos y esperanzados de que el próximo llamado pronuncie nuestro nombre. Esperamos, quizás, un golpe de suerte que nos catapulte a la cúspide, que nos acerque a ese cielo de escenas idealistas que compone nuestros sueños. Lo cierto es que prefiero actuar en vez de esperar. Me gusta creer que existe algo más detrás de la fachada que la vida se empeña en mostrar, algo escondido detrás de la rigidez de los días que luchan por parecerse unos con otros, en contra vía con el bienestar que causa hacer de cada uno una historia completamente diferente. Nada ni nadie puede alterar el ciclo biológico de nace-crece-se reproduce-y muere. Pero es posible poner sazón entre guión y guión.


DIECISÉIS)

¿Qué emoción evitas sentir?


Ninguna. Todas tienen su momento y no tiene sentido negarse a ellas. Seria cómodo decir que la tristeza, es lo que responderían todos, incluyéndome. Pero si hacemos una pausa, notaremos que, a veces, inconscientemente nos da temor abrirnos hasta a la mismísima felicidad, porque se sabe que no dura para siempre.




DIECISIETE)

¿Diferencia entre calor y calidez?

La segunda es la resaca de la primera. Calor se me hace una palabra meramente química, mientras que calidez trae consigo un bombardeo de sensaciones, emociones e imágenes.



DIECIOCHO)

¿Qué es ausente en tí?

Algunas veces la sinceridad, otras veces los límites de la misma.




DIECINUEVE)
¿Cuál es la pregunta más difícil que te han hecho?



Que me he hecho: ¿qué cree que sucedería si se suprimiese el miedo a equivocarse?



VEINTE)

¿Cuál te gustaría que fuese la siguiente pregunta?

“¿Cuál es la especialidad de hoy, en Punto y Coma?”




¡VEINTIUNO!)

Campanula, es hora de retirarnos.






Chao guapo.




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