[POST ACTUAL]: CÁPSULA N° 36: EL DESVELO.

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martes, 29 de junio de 2010

Deja la mariquera, morena



Es sólo tuyo el mundo en el que rebotas cuando te tumbas en la cama a pensar gilipolleces, es el lugar de tu mente al que sales a tomar aire cuando la jornada ha concluido con la caída en pique de una luz amedrentada por el cielo vacilante de Caracas, que no sabe si drenar su furia o continuar con ese gris oxidado.

Desde tripas andando hasta peluches de pelaje verde. Bombillos que se prenden y apagan al compás de una gotera heladísima. Esqueletos con armaduras arrullando bebés y granos de café surcando el cielo. Es sencillamente increíble cómo puedo llegar a encapsularme en una burbuja bizarra tan hermética que no me queda más que resignarme a permanecer en ella. Hace de mí una línea retorcida, que se dibuja por sí sola, que decide el color de su trazo y la longitud de su trayectoria.

No hay nada que hacer. Tengo semanas con un tuyuyo mental, un coágulo pernoctando entre la elasticidad de mis venas, impidiendo el paso de sangre renovada. Nada más reciclo. Tomo lo que me deja la muchedumbre y es eso lo que respiro, como, vivo. No produzco nada válido para quedar bien conmigo misma. Qué porquería. Espero encontrar la manera de reponerme, y finalmente sentir ese alivio de cuando, por ejemplo, te traqueas todo el ensamble de huesos al despertar. Pero entre todo, me da risa este tipo de sensaciones absurdas, porque cuando salgo a la calle, a vivir esa realidad de la que no me pidieron permiso vivir, esas divagaciones se disipan y me repito las palabras que titulan este post.

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martes, 15 de junio de 2010

Los demás


¿Sabes qué es Lavidadelosdemás? Es lo que importa poco, pero atrae el interés común de sus inquilinos. Es la savia de una sarna infecta que efervece en tu boca tras la satisfacción de sentirte intocable en una realidad paralela, cuando no es tuya la desdicha. Significa no tener conciencia de lo mucho que arde la epidermis cuando se está concentrado viendo el show desde la butaca. Lavidadelosdemás es el nudo en un cuento ajeno, con la intriga como augurio de un buen desenlace, buscando vitaminar ese morbo voraz que lograría intimidar hasta a los poetas malditos, al más maldito de todos.
Se ignora cuando se quiere, se recurre a ella cuando la televisión no es suficiente para entretener, pero cuando se trata de QUERER convertirla en Lavidamía, nadie levanta la mano e inmediatamente enmudece el salón…porque es Lavidadelosdemás en la que se enjuaga la asquerosa de tu bilis con las lágrimas de otros ojos.
No sé cómo, ni sé porqué, pero logra extraer lo más puro del egoísmo, de tu envidia ponzoñosa, de tus atrocidades hechas maña. No sé si Darwin lo sabía, pero el egoísmo es la bestia que, a pesar de haber existido antes que el universo mismo, jamás logró evolucionar.

Continúa causando los mismos efectos entre los de siempre:
tú y los demás.
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domingo, 6 de junio de 2010

¿Sabes qué me provoca hoy?. Parte II

Te convido a descubrir cuan gris puede ser una ciudad sin audífonos, mientras me disculpo por todo lo que aún no te he dicho. Pintar gris sobre gris.
Te invito a comprobar cuanto te deseo, pero un deseo tan poderoso que admitirlo sería descaro.
Te incito a desechar lo real y conservar lo estrictamente imaginario, darle finalmente espacio al cráneo para sus fugas de novela inglesa.
Te propongo una situación de esas en las que ambos se miran y boca a boca se desafían a decir lo que a éstas no les provoca.
Te comparto mis respuestas a destiempo, consciente de que las tuyas jamás arribarán. Pintar gris sobre gris. Esto es un empate, caballero.
Te ruego, quédate con mis horas, con mis anhelos ululantes, con lo que pude llegar a convertirme luego de tanta añoranza, que en varias ocasiones me hizo enterrar la cabeza en almohadas hechas con plumas de alegría. Quédate con lo que hasta no tengo, y deja conmigo sólo las memorias.

Mira que para recordar basta de un verbo, un sujeto y un cerebro que sepa de pretéritos.
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viernes, 4 de junio de 2010

¿Sabes qué me provoca hoy?, no me lo vas a creer


Recordarte me produce de esa alegría raquítica que encharca los ojos a traición.

Una alegría tan poco convincente que se convierte en religión.

Alegría relativa, de la que se inventa en conjunto con sonrisas de mera fachada.

Tan relativa que desanima llamarla alegría.

Tanto desánimo, para tan poquito corazón.

Y nace el cliché de extrañarse, de reírse al caminar entre el bululú, de procurar un café cuando llovizna. Tan distante que se convierte en mentira. Conmovedora, pero insuficiente para acelerar un torrente sanguíneo con graves filtraciones de origen, como el mío.
Se comporta como las drogas y sus efectos, como el tobogán del que desciende primero el cuerpo y luego el alma. Así es esta alegría, incómoda, quizás un poco impuntual. Arbitraria. Se pasea a su antojo en las instalaciones del pedacito de pecho que me quedó, se cuela por entre los huesos y de a poquito los alimenta para luego quebrarlos y continuar siendo… (maldita sea), continuar siendo esa alegría mediocre que sólo me deja un cansancio oceánico entre el “estoy bien” y “abajo todo el mundo, que ando armada”.
¿Sabes que me provoca hoy?
Disparar al aire y tener puntería contra colibríes, golondrinas y alegrías.




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