[POST ACTUAL]: CÁPSULA N° 37: AMANECER EN TU AZUL

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miércoles, 14 de julio de 2010

5 minuticos más




No tienes idea de todo lo que hay entre la cabecera de la cama y tus pies. Se despliega toda una serie de acontecimientos que van desde grandes guerras, hasta típicos brotes creativos.

- Hay quienes prefieren dormir con los brazos extendidos, boca arriba, en una especie de asunción, o como si fuesen a ser redimidos.
- Hay otros que se quedaron con los hábitos del vientre, se acurrucan y contorsionan como en busca de los rincones más tibios de su propia arquitectura.
- Los que se arropan desde la cabeza hasta los tobillos, dejando los pies afuera para vigilar el lugar.
- Los que necesitan un ejército de almohadas para conciliar el sueño: la de rigor, una para abrazar, otra para entre las piernas, dos a derecha e izquierda, las que hacen juego, las de plumas de avestruz guatemalteca y una última para apalear a los monstruos que salen de debajo de la cama.
- Los que con el mínimo ruido se despiertan, por ende sus camas han desarrollado la extraordinaria capacidad de arrullar, y de tanto hacerlo se duermen primero.

Novecientas noventa y nueve ovejas, mil ovejas, mil y una oveja. Mil y dos en la cama. Así son los que se quedaron con las malas costumbres de la etapa escolar. Para entonces, votaban por los exámenes en pareja, hoy…necesitan de lo mismo para dormir. Sin importar si sus almohadas se han dividido como la Pangea, no hablen el mismo idioma, y ya se hayan delineado fronteras entre ambas bocas. En una cama se calcinan los pudores, tal como lo hacen los humores, los sabores de pronto se oxidan, se filtra el sudor rancio del día anterior, entre las sábanas se escriben las historias más leídas.

- Hay quienes, por no haber nacido aún, tienen de lecho unas entrañas.
- Están los que no necesitan de despertadores, para eso sus conciencias.
- Los que se ríen dormidos.
- Los que, al despertar buscan recuperar en el pozo del olvido los sueños perdidos.
- Los que sueñan mojado.
- Los que sueñan despiertos.
- Los que, si no es entre sábanas egipcias de no se cuantos hilos, no.
- Y otros que, por el contrario, se conforman con una buena cosecha de periódico y cartón, que el concreto haga el resto.

Duermas como duermas, seas quien seas, siempre has estado a orillas de la azotea más alta de la ciudad, en ese edificio que pide un único requisito para lanzarse: estar dormido. Has querido, a mitad de la noche, que tus piernas se encuentran con las de alguien más. Le has dado a tu cama la fatiga de sostener no sólo tu cuerpo, sino tu esencia en totalidad, siempre buscando tocar el polo norte de la almohada, mientras clonamos ovejas por haberlas contado todas.

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miércoles, 7 de julio de 2010

KARMAte


Últimamente he llegado muy temprano a clase, esa en la que llevo dos años siendo la menor. Siempre la pimpolla. Estando en el aula, llega alguien más y rápidamente comenzamos a conversar, tocando cualquier cantidad de temas. En la primera oportunidad, con el bonachón del grupo. Que si mi ciudad de origen y sus altas temperaturas (es que ya no se dice: “arderás en el infierno”, sino “en Barranquilla”). Nunca habíamos coincidido, hasta ese día en que las circunstancias me hicieron saber lo mucho que tiene por contar. Fue agradable intercambiar cuentos…hasta que llegaron los demás. Comienza la clase.
La vez siguiente, el psicólogo -con cara de típico psicólogo- fue quien llegó muy temprano y ya estaba yo allí, como un clavel. Otra conversación que tomó forma sin darnos cuenta. Pasamos del porqué del tamaño y color de las cajitas rojas de uvas pasas, a hablar del comportamiento del consumidor, la Tv, el autismo, Cocacola, el Chavo del Ocho y lo que significan los órganos en dibujos proyectivos. Parecía yo un bebé con sonajero. Luego, se integra el calvo simpaticón, que pronto desintegró la conversa con comentarios “wtf”. Termina de comer el picadillo de una bolsita transparente, revisa su celular y se dispersa. Llega el profesor. Comienza la clase. La siguiente oportunidad fue de la flaca, un “hola, ¿cómo estás?” fue el preludio a los planes de su matrimonio, y la vida exquisita de su hermana en Milán. El próximo episodio fue de la señora sabelotodo. Le tienen tirria. No me incluyo porque nunca me desagradó del todo. Esa vez llegó primero que yo. Vaya amor al arte. Vació desde anécdotas, hasta chismecitos de pasillo en cuestión de minutos. Luego, se interesó por saber la carrera que curso y ante la respuesta, dijo sin pestañear: “Marshall McLuhan”. Pensé: “esta doña me acaba de insultar en ruso”. Pero luego de asomar algunos datos de la vida y obra del personaje, comprendí. Me recomendó un par de libros antes de pasar al tema de la metafísica, disciplina a la cual le dedicó años de estudio en Japón. Y por cuestiones de lógica, el temita del karma no se hizo esperar. Me dije: “acomódate, que esto se pone bueno”.
Y…verás, no sé si hizo bien o mal en hablarme de todo lo que sabía al respecto, justo en estos días en los que el asunto me hincha un poco las pelotas. Porque resulta que no creo en el karma, justicia divina y todo aquel parapeto del que la gente se afianza para pensar (en serio) que el mal se devuelve, que por actuar bien, te irá bien, y que el universo y sus estrellitas te lo recompensarán. Ciertamente me procuro no ser tan rígida, hay una parte de mí que quiere creer, al menos por diversión, por imaginar quién pude haber sido en otra vida y quién seré en la que sigue (?), pero sinceramente en este momento le tengo más fe a Paul el pulpo que a toda esa sarta de creencias basadas en el "súper power" de la energías, el cosmos, hacer el bien (“y resultar jodido igualmente”), el sol, la luna, Sakura Card Captor, El Rey Léon, ¡que se yo!.
La señora finalizó diciendo: No importa que tú no creas, existe.


- ¡ Demuéstramelo!, pero lueguito, que la clase ya comenzó.
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lunes, 5 de julio de 2010

Pintada en la pared


Ayer, no se por qué, recordé episodios de cuando estaba en edad preescolar. La profesora, cara de esperpento jugando a ser tierna, nos mandaba a hacer a menudo un ejercicio que consistía en dejar derramar tempera sobre cartulina blanca, doblarla por la mitad y abrirla, logrando así una suerte de estampado duplicado. ¿La recompensa? Sorprenderse con el resultado. Mientras la ejecución de dicha actividad resultaba emocionante para la mayoría, para mí significaba un castigo. ¿Cuando había pasado de moda hacer bolitas de papel crepé o uñitas de plastilina? El caso es que odiaba hacer eso, porque siempre noté que a ellos les quedaba mejor que a mí. Hasta las titulaban, sí, les colocaban nombre a lo que sea que veían en sus obras. Recuerdo con imágenes en high definition que salía enfurecida de esas clases, envuelta en ese uniforme amarillo pollito con tirantes cruzados, que hiciera lucir cute al mismísimo Chucky. A la salida, era un fracaso que intentaran convencerme que de en mi trabajo habían mariposas. En las cartulinas de los demás se formaban las mejores formas, con poses geniales, los colores se combinaban armoniosamente, mientras que en mi carpeta sólo veía una colección de papeles feos embadurnados con figuras abstractas, sin sentido alguno, no importa cuánto inclinara la cabeza para observar aquello. Detestaba el momento cumbre de la jornada: la exposición. Todos debían pasar adelante -dejando en el aire ese aromita rancio a plastilina y Cheetos- y hablar de su “magnífica” creación a partir de ese pegoste de tempera seca. Yo me rehusaba a toda costa. Y si a duras penas lo lograba, terminaba llorando. Tal vez porque no me atrevía a decepcionarlos diciendo que no veía mariposas, cuando se suponía que eran ellas la atracción principal.

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viernes, 2 de julio de 2010

Pablo y sus buenas noticias




"Everything you
can imagine is real"


Lo dijo el Sr. Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso.


- Disculpa, no escuché. Me lo repites, por favor.
- Nomejó.


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