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jueves, 12 de agosto de 2010

Por escrito

































Cada que te veo me obligas a guardarte una sarta de secretos, porque si en el momento te dijese lo que pasa por mi mente, seguro correrías al árbol más cercano a que te defienda de mis confesiones y uno que otro apretón. Entre las confesiones: que lo que más me gusta es lo que tú odias de ti. Que, irónicamente, has agigantado mi miedo natural a elevarme y en vista de que no se disipa, te lo paso por escrito…porque si no se escribe es porque nunca existió.
En cuanto a los apretones, acércate para explicarte mejor.

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martes, 10 de agosto de 2010

Una especie especial

Losviejostienenrazón. La juventud está repleta de estúpidos, enamoradizos, idealistas. Creemos ser profundos e invencibles después de escuchar la música que nos revienta los tímpanos. Nos refugiamos en letras de canciones cuando nuestras palabras no saben qué decir. No atendemos prioridades. Tenemos que revolver sangre y alcohol para bajar los niveles de pudor, patético, ¿no? Nos aburre todo, nos emociona todo. A la cercanía, a la fealdad, a las rarezas, al exceso, a cualquier mierda en blanco y negro la denominamos arte. Escupimos humo, flujos, vómito, traficamos aire. Estudiamos, pero no lo que mamá hubiese querido. Incorporamos groserías a medida que ganamos confianza. Hablamos alto, pero no claro. Vivimos en base a imágenes idílicas porque el realismo es para los demás o para después. Conocemos lo bueno y lo malo, pero no lo moral. Lo peligroso de que nos importe mucho un asunto es que nos deja de importar TODO lo demás. Hacemos el trabajo de uno entre diez. Nadie nos entiende porque no nos dejamos entender y no entendemos por qué. Cargamos con la idea casi romántica de que nuestra estadía en este mundo lo cambiará. Somos ambiciosos, forzamos los límites y la paciencia de quien pretenda entender nuestras simpatiquísimas crisis existenciales. Somos puro terrorismo al pensamiento. Somos desvergonzados a quienes les vergüenza todo. Vivimos nutriendo ese extraño placer de contradecir lo que nos importa mucho, poco, demasiado, la idea es ir en contracorriente. No queremos saber, sino que nos resuman. Nos gusta que nos vean, que se enteren de quiénes, cómo somos y lo que hacemos. Odiamos la música de los vecinos. Confiamos demasiado. No dormimos. O comemos en exceso o no comemos nada. Amamos sin querer. Compramos sin necesitar. Necesitamos sin desear. Nos gustamos, pero no nos apasionamos…aunque a decir verdad, a veces actuamos con fiereza, pero bajo absurdos criterios personales. No averiguamos, especulamos. Miramos sin observar. Sin saber, hablamos y cuando hablamos, se nos enmaraña el inglés porque es más chic, you know. No somos románticos, preferimos quedarnos en la comodidad de recuerdos salivales. Nuestra naturaleza contrae los hechos en un “ya”, vivimos con unas ansias tremendas, con una jadeante necesidad de inmediatez. Esquivamos las responsabilidades con la excusa de que nos duele…no sé, el ombligo, puede ser. No digerimos muy bien ese asuntico del fracaso. Nuestros amigos entre comillas no nos hablan, sino que nos titititilan por Internet . Lo peor que nos podría suceder sería lucir normales. Nosotros vamos a conquistar el mundo a través de esta pantalla, tal como lo hiciera el ídolo de nuestra generación con su guitarra; sí, el ídolo, ese que es chévere y cuyo apellido no recordamos, ¿correcto? Somos, definitivamente, los críticos más criticables. Tenemos tanto por hacer, por decir, por demostrar, por conocer que parece oportuno permanecer, tú en la comodidad de tu asiento leyendo este bodrío, y yo escribiéndolo.


Manganzón,
somosunaespeciedignadeinvestigación.
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martes, 3 de agosto de 2010

Contigo o sin ti


Aunque a veces me mueva una asfixia peculiar, me calma recordar lo cierto de la palabra “ayer”. Aunque a veces te sienta cerca, ya no necesito la sensación de protección que me causaba escucharte (o al menos eso creo). Siempre hay algo en qué ocupar la atención. Lo que sea:
- Religión.
- Física cuántica.
- Cine conquistado por galanes expertos en arrancar pantaletas.
- Arte.
- Novelas sobre la herencia que dejó una abuela ahí.
- Cocina molecular, atómica, microscópica, orgánica… (Oye, ¿y la comestible?).
- Reality shows de rubias tetonas gritando “caracoles”.
- Sexo tántrico frustrando espermatozoides.
- Cultura china y sus exquisitos perros calientes con cola incluida.
- Publicidad fabricante de necesidades.
- Yoga para mascotas.
- Psicología aplicada a psicólogos.
- Economía diligenciando la fulana crisis.

Cualquier basura serviría para desviarme de ti, evitaría hacer lo que menos me gusta: redactar en segunda persona, como una carta de la que eres el destinatario, pero la lee cualquiera. Tanta basura me distraería, me haría creer que puedo seguir caminando como si nada, continuar contigo o sin (aquí viene el maldito pronombre personal tónico de la segunda persona singular) TI.
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domingo, 1 de agosto de 2010

Lo que somos

Me sorprende un rubor de media noche. De pronto una ola electrizante sacude toda la extensión de mi epidermis bajo las sábanas, se levanta una chispa erizada, pasea por el cuello, el rostro, hasta tocar la intimidad de mis orejas, allí donde quedaron estancados algunos secretos ajenos. A lo largo de mis piernas, un frío acaricia cada centímetro y ellas a modo de venganza no obedecen al “prohibido pasar” de la cama. Para cuando abro los ojos, ya estoy soñando, suspendida en la revelación de formas subconscientes que resucitan cuando el día se viste de oscuros. Se asoman los deseos al desnudo, al puro estilo de la puta que sin el mínimo de vergüenza ofrece al mejor postor un paseo express por la instalación de sus cavidades.

En estos sueños lloran los llorones, ríen los reprimidos, los mudos resultan poliglotas, recuerdan los amnésicos, se confiesan los infieles, las monjas se excitan, se subleva Plutón por ser siempre el último de la fila, los rebeldes afilan su mala conducta, las rutinas se aflojan la corbata, lideran los discípulos y los que decían no quererse declaran que se quieren más de lo que quieren. En esta parte de la noche quedamos en carne viva, sin poses, vendajes o teléfonos filtrando la voz de un cuerpo que tiene urgencia por el otro. Quedamos sin armadura en el pecho, la que a través del tiempo suele desvanecer la ruta al corazón.

Durante esa huida nocturna los pasajeros muestran su valor intacto, los pies lavaditos, la garganta libre de nudos, la boca libre de decir lo que siente, el arrebato responsable de colchones mojados, más otras demostraciones de salud emocional. Pero desafortunadamente lo primero que hacemos al amanecer es colocarnos la máscara que separa lo que pretendemos ser de lo que somos en realidad...


...y salimos a jugar.

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