[POST ACTUAL]: CÁPSULA N° 35: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, UNA VIDA.

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sábado, 25 de diciembre de 2010

jueves, 23 de diciembre de 2010

Ciudad de poetas

El otro día me senté por ahí e imaginé que estaba en una ciudad cualquiera, no ésta. La gente se comportaba diferente, sus días, noches y madrugadas estaban regidas por otras malas costumbres. Sí, ellos toman en cuenta la madrugada;  no sólo duermen y sueñan, la viven. Entonces, los caballeros (que allí sí existen) tienen una fuerte inclinación hacía los sombreros,  correspondiente a una especie de moda bien llevada, algo equivalente a lo que es hoy en día los pelos pegajosos por el gel. Y las damas no dejan en casa el lipstick rojo, es regla por vanidad y cuidado…el clima es cálido. Ellas saben que en cualquier momento llegará uno de éstos a robar un beso, no es la mejor manera de comenzar el ilustre ritual del cortejo, pero sí el más exitoso. Los tacones no existen, por lo que son chicas de pies felices y descansados; “en caso de incendio, eche a correr”. Vi como un caballero tomó asiento, astuto y delicado, al lado de una niña que cargaba un hermoso vestido de encaje, por cierto. Le vió de reojo y sonrió, cual tigre que olfatea a leguas lo que serán sus bocados de medio día. Ella le extendió la jugada maliciosa y…ay señores, cuando hay dos sonrisas tan cómplices así, es como si se anudaran dos cielos llorones: no hay fuerza que evite la tempestad. Los cuatro ojitos hicieron corto circuito, al caballero no le hizo falta más nada para echarse a andar…muack!, una embestida de carne rosa chocó contra su boca y ésta en un falso intento por apartarse, dió un saltito sobre él para asirse a su camisa de cuadros. Ja, fue una vista muy diminuta la que hubo entre una boca y otra, sólo se notaba la ida y vuelta de lenguas que chapoteaban en el sabor del otro. 


Así son las cosas allá y yo, bueno, me río desde afuera, intentando sostener la imagen mientras batallo con Caracas para que no me interrumpa. 

La otra escena que me cortó la respiración se ubica en un agasajo para una dama, cuya cara destilaba el aburrimiento más contagiante,  alzó su falda por debajo de la mesa y sintió los dedos tibios de su acompañante,  un hombre que se convirtió en cuestión de segundos en invidente, hizo de su tacto la mejor batuta. “Quién necesita ojos cuando se está entre este par de piernas”, digo yo que pensaba él. Sí, entonces fue un asalto carnal que desbocó mi imaginación entre estas líneas. Me agrada esa gente, le tienen un aprecio magnífico a la piel, dicen que juega como el epicentro de lo que podría convertirse en…
Amor.  
Saben de dónde vienen, saben a dónde van. 

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Loquecarretera



Quéspesa se ve la neblina y más cuando parecen los carros piezas fantasmas que se les dificulta pasar a través délla. Las luces viene diadós, con ojos dinsectos, incluída lintención de dejar al paso de su desfile unescena criminal. Bueno, esa idea larrojó mi cabeza distraída a partir de ver puntos amarillos aproximarsenel carril contrario. Si no me provocase rasguñar la neblina, no caería nel placer de su descripción, es que parece hecha de la misma masa lechosa que adorna en las tardes el cielo, como nubes terrenales que improvisan enuna danzímprudente en el transcurso de la velocidad. La gente se mata afuera, toca la corneta hasta despellejar la paciencia y a mí me basta con subir la ventanilla paracér saber que mimportúnbledo. Es relajante, pero preocupante por otra parte enterarme que cada vez son más las cosas que mimportan tan poco, me minimizo enún jalón de nicotina sin dejar que ni pequeñas, ni grandes, ni cotidianas, ni paranormales sucesos miácongojen. He creadúnpuente entrel sentido diapego y el alma bastante sólido como para saber distinguir qué pertenece a mi mundo y qué no. Lo que no, lo conecto directamente al sistema intestinal. Que viaje más largo, qué frío más penetrante, que sonrisa más grande llevo dentro, porquentendido finalmente que soy la optimista más triste quexiste, descubrí mi capacidad para separar delos escombros listeria de la dicha…mira, es como si del caos, tuviese la prudencia de colar palabras e ideas quen condiciones normales jamás subiesen concebido. Me alegra tanto saber que , de la basura diótros, extraigo mi materia prima. Ojalá que , al menos por hoy, desaparecieran los lugares a donde llegar. Quiero seguir nela carretera, hacerla una línea constante, desaparecer las fronteras.  

Estúa sidúnaplauso a la cara buena del desastre.

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sábado, 18 de diciembre de 2010

Gente así (Parte III)

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Olía a alcohol puro. Medio sonreía cuando le hablaba, se veía el intento de reaccionar, pero…puedo llegar a entenderlo, estando boca arriba la noche es hiptónica y distrayente, más aún cuando se tiene el cielo de techo. Este hombre estaba sumido en su mundo paralelo. 

Eli (El inerte)
El del bóxer en la cabeza no me dijo su nombre cuando se lo pregunté. No me dijo qué soñó, ni su edad. No me respondió si tenía calor. Es que si hubiese dicho “pío” me emociono. Más elocuente hubiese sido un zapato. Tal como te está viendo a ti a través de la foto, me miraba a mí todo el tiempo. Pero supe que me escuchaba cuando estiró el brazo para recibir algunas monedas. El registro fotográfico me deja más que lo que pudo haber pronunciado. 

Como que para ellas el requisito es ser dibujante porque esta  mujer, al igual que Eva,  delineaba en el aire unos garabaticos, reía y señalaba los carros al pasar. Esta chica de pelo corto es una ciudadada cuya cabeza perdió los estribos hace rato y...¡já!, no se enteró. 

No sabes como llovía ese día, vaya que era una de esas tardes bravas en las que el mejor plan es permanecer en casa. La de él es esa improvisación de madera, cartón y un paraguas que canta “refugio”. Menos mal que lo que siento lo escribo, porque si lo dijese, no hubiese salido palabra alguna en ese momento. 


“¿Cuánto me vas a dar?”, exclamó cuando le propuse regalarme una foto. “ah, es que ¿te tengo que dar algo?” (risas). “Claaaro”. Luego de quejarse, se dejó tomar par de fotos y me respondió la pregunta de rigor. “Soñé que estaba en la playa durmiendo y la playa estaba soliiiita, chama”. Para nutrir su respuesta, indagué “¿y te despertaste en el sueño?”. Respondió “No, nunca, nunca, siempre dormido, ahí, tirado en la arena, y cuando me desperté de verdad, miré pa’ los lados y coño, vale…ya no estaba en la playa, pues”. Achicó la mirada, me despedí, se despidió y me alejé pensando si “Gente así” debería tener una IV parte  o, sencillamente...




lo dejamos hastaquí. 






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martes, 14 de diciembre de 2010

Serámado

Qué aplaudan los inválidos, que somos los amantes los nuevos incapacitados, los de moda, los de hoy. Amamos y nos sentamos a esperar que nos amen. Pasa la nube, sube la marea, la luna da paso, tosen los rincones, pasas, pasan, pasamos. Y los amantes nos quedamos sin ser amados. No importa, a la primera duele pero no mata.

Vamos de nuevo. Tomemos asiento, no ha pasado nada. Creemos en el futuro y en el espejismo en el que convierte al presente, elevamos la vista, la esperanza y lo peor… ¡los pies!, entregamos la ropa, las llaves, la coraza y avanzamos hasta que sentimos un espesor tibio en el costado… sangrando. Oh, por los anteojos de Lennon, nos han jodido otra vez. Automáticamente la malicia se afila y apunta al próximo que venga en son de conquista, pobre, pero nunca falta el valiente.

Esta vez sí. Pasa el calendario a medida que las pieles sanan, los rieles multiplican callos bajo los trenes, las oraciones se pudren de tantas mentiras; entre un asunto típico y otro cotidiano bombea algo dentro, se vacía la bóveda torácica y el insecto se instala. Estamos nuevamente muchos metros sobre la tierra, se adoptan las cobijas como capa de ozono, nos respiran, nos consumen, nos convierten en un despertar, carne y pensamiento, situaciones que Romeo y Julieta envidiarían de reojo. Pero, bang! termina. “No se supo cómo, señores. No se supo exactamente por qué” diría un reportero sensacionalista; con permiso, que sin final feliz retorno yo a la narración.

Dama, caballero, para la tercera oportunidad, siéntese en los últimos puestos, quizás cambiar de ambiente sintonice lo que usted siente con lo que podría llegar a sentir otro. Péguese a la ventanilla, deje que el aire le pegue en la cara y le despeine la copa del árbol a ver si así disminuye las dolencias. Evite desearles gangrena genital a los responsables de sus destrozos. Déjelo todo pasar, lance lo que no le guste y no le duela verlo estrellarse contra la carretera que se aleja. Si suena el romanticismo caníbal de Arjona, no se haga el duro, ceda. Desintoxíquese. Convierta todo en una página anterior.
Llore, pero luego...

...intente ser feliz.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Lucía

Con el ojo, el rabito del ojo la ví, allí, tan suavecita como una bombonera por dentro, aterciopelada desde los pies hasta el alma. Es que verla se siente bien, más cuando parece que la tocas con las pestañas…de sólo contemplarla. Podría permanecer días desarmando sus detalles, la pelusilla de sus mejillas, el perfil cincelado por dioses y el desorden de pelo que avisa su llegada. Imaginarla hablando frente a mí me trinchaba el pellejo como a los gatos. Me embelesé con el movimiento de sus labios, le acaricié con mi lengua las comisuras, sentí en la misma sintonía un palpitar, el mío nada más, porque ella ni sabe de mi existir. Quisiera pedirle un beso como se pide un buen habano, al chasquido de los dedos y esperando buena atención ¡Cómo me eleva la imaginación!.
Hm, ha de ser de palabra franca, de caminar franco, de tetas francas. Me había quedado en los pormenores de sus manos, en cada pincelada de su cara, hasta que pensé : "agh, seguro es una de esas muchachitas presuntuosas que insulta guardando silencio". No me importó. Todo en ella gritaba, pedía un auxilio eco de otro, era toda así…llamativa y etérea a la vez. Los gestos, el abrir y cerrar de ojos, el tornilleo de sus muñecas cuando le explicaba a quien la acompañaba algo que a ambos causaba gracia. ¡Pero qué envidia!, quién sería ese cuello largo, desgarbado y flacuchento con quien conversaba. Pudiera incinerarlo apuntándole con una lupa, ¡paf!.


La pérdida infinita de sus cabellos enredados entre sí, por entre su cuello, abriendo paso por el abrigo hacia la espalda, era todo un laberinto en el que deseaba extraviar mi tiempo. Un roce suyo sería la inmortalidad de mis placeres, supongo. Su nombre lo recordaría, supongo. Me gusta suponerla, inventarla, vagar en ella, convertirla en mi pasatiempo más hedonista. Cuándo volveré a verla. Cuándo volveré a pelear con mi descaro para que ambos aprendamos, por fin, a disimular. ¿De qué estarán hablando? , quién será él, de dónde saca las agallas para no derretírsele en frente, ya alucinado, sin fuerzas ni para hablar. Como yo. En fin, me voy, fue bueno mientras duró.

Firma, Lucía.



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domingo, 5 de diciembre de 2010

Cosas de la vida

Es verdad. Cuando las olas se estrellan contra las rocas, se siente una descarga proporcional a pegarle un puñetazo a alguien en la cara. Ellas muerden y es uno el que siente el sabor entre bucles y moños de espuma. La furia con que rugían eran pura ironía concluida en salpicaduras diminutas pinchando los pies. Estando a esa altura el morbo se vale, porque viendo tal poderío que arreciaba sin causar daño, cualquiera se creía invencible. Lero, lero. La combinación de sonidos consistía en reclamo de tenores, redoblantes en plena marcha, floreros cayendo al suelo, cornetas citadinas, y, pues, la música natural de una tempestad. El agua lucía como una señorita claustrada en su falsa inocencia, que un día cualquiera decide que es forastera. Hería las palmeras con tal fuerza que los desahogos se desnudaban con cada embestida, se sentía bien ver ese revuelo de absurdidades en la orilla y divisar al mismo tiempo en la lejanía una calma hipócrita contorneada por esa silueta que le arrojó la primicia de redondez a Cristóbal Colón. El oleaje era una danza redundante y desordenada, se movía con rabia, se despertaba cada 10 segundos en un estruendo de locomotora que pasa, pisa y mata. Olía a aire. Convertía el lugar en el aposento perfecto para los interesados en fabricar odas y nutrir su bohemia, bohemia pura. Era fácil caer en esos malestares humanos de reflexionar y como consecuencia hablar sobre “cosas de la vida”, cuando la cortina es un atardecer multicolor y la música se postula para musa.


Deberían creerme cuando digo que el tiempo desapareció, porque es en serio. Fue un poco menos que glorioso, instantes que no se ajustan a opiniones ni matices, se acercó a la gloria , punto. 
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