En el tren, un viejo de cabello
nevoso y largo a los hombros, hastiado de leer poemas llenos de florituras,
estaba absorto en una historia que prometía en cada nueva página alguna sorpresa
cualquiera, lo decía su mirada, la ansiedad en ella. Leía sobre una muchachita con
ojitos preñados de tristezas y otros asuntos complicados. Cuando subió la
mirada para descansar, distinguió en el asiento de en frente a una joven
idéntica a la del papel. Reparó nuevamente el libro y repasó su vista sobre
ella sin disimulo. El parecido oprimió su pecho en una fuerte sensación de deja
vú y confusión. Fue real, un acontecimiento en espiral tan conmovedor que creyó
haber sentido la mano del narrador cambiarle la página con un desliz de saliva.
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ResponderSuprimirNo sólo me sé tu blog de memoria, si no que además creo que es uno de los blogs mejor diseñados en mi blogroll. O en términos de jeva: es burda de lindo, pues.
ResponderSuprimirLamento muchísimo que no lo supieras antes! Un besooo!
Eran tres pero por problemas de visión solo vio a una.
ResponderSuprimirBesos.
Hermoso.
ResponderSuprimirSiempre tu blog tan refrescante.
Un saludo!
Me ha pasado. Y sí, la sensación es definitivamente un déjà vu
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