Las amantes
¿Has notado los ojos apagados de los gatos cuando leen lo que piensas?, así son ellas. Mujeres de labios rojos sin opinión. Con sexy lingerie y caminar de hechizo, deslizan su cola por encima del morbo de los hombres cansados de las mismas mañas novatas de sus señoras en la cama. Enemigas de titubeo, las amantes son tan despampanantes como caprichosas, ronronean al son de la música, mecen su pelo con un despliegue de encantos que ni practicando logramos. Son circenses en el arte del placer, saben qué decir, saben qué besar. Un espectáculo de piel al mando de la tibieza y el candor, como un tierno genital. Se sienten París, tan llamativas y tentadoras, pero París no las admite como comparación. París más que ser una ciudad para leer, es un libro para vivir.
Los escritores
Los escritores son hombres –la primera imagen que visita mi mente es viril- para quienes la madrugada se convirtió en la mejor guarida. Tienen una papelera rebosada de hojas con frustraciones ideáticas y suicidios de letras . Fuman. Es que tienen que hacerlo, los hace ver distinguidos en cuanto se enjuagan la retina desde debajo de los anteojos. Todo sea por alimentar esa necesidad depravada de convertirlo todo en crudas líneas de imaginación. A los escritores les corre tinta por las venas, son la especie de sangre azul.


