[POST ACTUAL]: LA CASA DE LOS ESPÍRITUS DE ISABEL.

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martes, 15 de febrero de 2011

Old skull -V-

Oliva Gáffaro
Con ademanes de típica abuela cuenta cuentos se sentó en el sofá, pensando quizás “tres, dos unos, a hablar”, porque cuando comenzó, parecía que nada la detendría. De 74 años, hablaba sofocada, quinética, con expresiones traviesas  a viva voz. “La vida mía es para hacer una película”. Y se referería a su niñez y adolescencia:  “mi mamá era una despota, no me dejaba salir, no me dejaba hacer nada, me pegaba con un látigo, porque para ese entonces usaban era un látigo que colgaban en la sala pa’ que uno lo viera y se asustara antes de salir por ahí”. Su manera de hablar causaba risa y de inmediato se empapaba el ambiente de una vibra bonita. “La juventud es…¡una cosa bella! , sabiendola llevar”. En contra parte conjuga: “la vejez es…¡triste!, pero todos tenemos que vivirla”. Esta tachirense recuerda con máxima claridad sus andanzas por allá: “Viviamos como en un monte, pero eso sí, la comida  nunca faltó, abundaba, de merienda comiamos carrrrrrne, jajajajajaj, puntal se le dice allá, a la merienda”. Su vida se me pinta entre aventurera y trágica: “a los quince años decidí escaparme de mi casa, como a la una de la mañana salí por ese moooonte pa’ entro, sin que nadie supiera, es que mi mamá era muy exigente, no me dejaba hacer nada y a mí me gustaba ir a la playa mucho, salir a bailar y eso”. Sorprendida pregunté: “¿y no has vuelto a verla?”, ”no”, responde. Insistí, hasta que entendí que no se arrepiente de haberse ido. "Es que si me hubiese quedado allá, estuviese llena de muchachos, toda fea, sin vida, haciendo lo mismo y no, ¡qué va!". Llegó a Caracas, hizo vida con un italiano del que destacó lo responsable que fue: “los extranjeros son los mejores, porque llevan para la casa, son responsables, dan la cara, saben velar por un hogar”, en su caso, comprendido por 3 hijos y éste hombre, quien murió a los 64 por una fiebre grave. En fin…5 son los meses que lleva Oliva internada y miles las historias que le falta por contar, pero era tarde, la noche se entrometió y fue hora de partir. 

Esta experiencia fue menos estrepitosa de lo que imaginé. Salí conmovida e intentando ubicarme en este presente al que afortunadamente puedo responder con brincos, lucidez, salud y buena memoria. Indudablemente, las paredes de esta casa hogar recuerdan lo mucho que tenemos y cuan aprovechable es este ahora, ya. 
La edad de oro” se ubica en la 3era. Transversal de La Castellana, entre la Av. San Felipe Y 2da. Transversal de Altamira. Qta. Madre Emilia. 
Información para donaciones: 
01210170840106764209. 
Entidad bancaria: Corp Banca. 
A nombre de:  "Residencia Geriátrica Buenhogar"


Fue un placer nuevamente, República. 







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miércoles, 9 de febrero de 2011

Old skull -III-

José Niego
Es recomendable no dejarse llevar por la fotografía. Este hombre es joven a pesar de las 87 primaveras que carga a cuestas. Lo encontramos acostado, cubierto de una manta que dejaba descubierto de sus hombros para arriba. Tiene la iris azul clarito, Luis y yo luego comentábamos que quizás sería por las “¿cómo es que se llama eso?, cascada, ¡cataratas!, jajaja, se llama cataratas”. Un acento ajeno me hizo indagar “¿de dónde eres?”: “Peruano” responde. Tiene 3 años en Venezuela, 3 hijos (una en Chile, uno en Perú y otra aquí), ésta última lo visita muy a menudo: “de dos a tres veces a la semana viene, esos regalos me los ha dado ella” señalando un lindo cojín que reposaba sobre una mesita cercana.  La edad de oro lo ha acobijado por un año y medio, dice sentirse cómodo por los cuidados que recibe, la atención, los ejercicios que hace en las mañanas y el ambiente en general. De preguntar “¿qué es la juventúd para ti?”, recibí: “es el comienzo de la vida, los mejores años”. Remata: “...pero todo está en la mente, no quisiera tener otra edad sino la que tengo, con lo que he vivido estoy contento”. Repitió mucho esa palabra, contento. No obstante, confesó: “a medida que te vas haciendo viejo se crea una tensión emotiva, en mí se ha creado una tensión emotiva porque perdí de muy chico a mis padres y luego a mi hermano”. Con todo y eso, cuenta con una familia grande, una descendencia numerosa; lo corroboran sus cuentos y la cantidad de fotos que cuelgan de las paredes de su habitación. Fue administrador en una bomba de gasolina, cursó estudios en Francia y ahora pues, descansa y recalca lo bien que se siente: “para qué estresarse y quejarse, es mejor vivir en paz, estar bien consigo mismo, yo me siento bien como estoy a pesar de que acabo de salir de una operación, pero me siento bien, contento, la felicidad está adentro de uno mismo…”
Esa idea como que no tiene oponentes.

lunes, 7 de febrero de 2011

Old skull -II-

Noemy Argelina De Las Mercedes (Nina)
75 años, 6 hijos, 14 nietos, 2 bisnietos. Coqueta a primera vista, lúcida al hablar, impecable de pies a cabeza, risueña de principio a final. Nina a todo respondió con la sonrisa radiante de una juventud prolongada. Ataviada con accesorios finos y maquillada para un matrimonio al que tenía cita, consonaba sus gestos con cada palabra que decía, destilaba una vibra muy tranquila, una elegancia innata –que también se lleva en la personalidad- Nina contaba con todo. Se notaba absolutamente satisfecha, no era difícil saberlo a partir de sus respuestas: “cuántos años quisieras tener?, ¿dónde quisieras estar? ¿a qué quisieras dedicarte?”.”Con la edad que tengo, en donde estoy, con quien soy estoy bien”. De verdad, ¿Cómo se altera tanta paz interior?, sencillo: no se puede. No se puede cuando es la sonrisa la que responde. Psicóloga, esposa de un abogado, viajera, aventurera y feliz, Nina expone: “la juventud es la mejor etapa de la vida, la que más disfruté con mis amigos, en los bailes, viajé mucho, sólo me faltó visitar Rusia y La India”. Cada vez más demostraba que la vida no le dejó pendiente ninguna deuda, ella imprimió en la totalidad de esta visita el semblante más rutilante. Y sí, pensé lo que predijo Nubia : "ella no debería estar aquí".

sábado, 5 de febrero de 2011

Old skull

Nubia, Licenciada en enfermería y estudios geriátricos, es una mujer que, por teléfono, pinté muy recatada e inaccesible, pero estando frente a frente la simpatía jugó como su mejor tarjeta de presentación. Quizás ella esperaba a una chica de pestañas paradas, carpeta bajo el brazo y peinada de lado, pero para su sorpresa llegué yo (hahaha) junto a Luis (pincha aquí), dispuesto a fotografiar todo lo que mereciera la atención de un buen ojo. 
Es la encargada de asistir La edad de oro, una casa hogar con 10 años de existencia, que actualmente alberga 30 ancianos aproximadamente. Un patiecito da la bienvenida, llama la atención la presencia pintoresca de unas macetas con flores de colores, cada una diferenciada con nombres de algún valor: “respeto”, “dignidad”, “tolerancia”, etc.Alcé la mirada y noté a una anciana delgada, morena, un poco retraída allá arriba en un balcón. Lo primero que se hace cuando no se sabe cómo actuar es conservar la distancia, fue precisamente lo que sentí que sucedió; no obstante, el contacto visual operaba como un radar. No sabía que se llamaba Andrea e ignoraba por completo la historia que minutos después relataría.

Comenzamos -en una oficina estrecha y modesta- charlando con Nubia sobre su labor en el lugar:  “tengo 8 años aquí, me gusta lo que hago, lo disfruto” asegura convencidísima y con un tono de voz que se abría paso por sí solo,  “me gusta mucho convivir con ellos, con decirte que no trabajaría con niños, tratar con ancianos es tratar con niños grandes que ya han vivido”, explica diligente. “Los abuelos hacen fisioterapia, juegan bingo, bordan, ellos tienen sus hábitos. Hay de todo, aquí hay gente preparada, tengo a una abuela por ejemplo, que es psicólogo pero sufre Alzheimer, tú la ves y piensas que ella no debería estar aquí”. En cuanto al equipo laboral: “hay tres enfermeros, un médico, o sea el geriatra y Medicina General” detalla amable antes de confesar lo mucho que le afecta cuando alguno fallece: “llegas a compenetrarte tanto que compartes más con ellos que con tu propia familia. Aunque pelees mucho, uno los quiere, los quiere…”. Después de atender nuestras curiosidades llegó la hora de presentarnos a nuestra primera protagonista. 

Sin más preámbulos, OLD SKULL comenzó así:


Carmen Eleonor

Acercarse a ella fue increíblemente cómodo. Se mostró dispuesta a conversar, aunque sonaba un tanto automática, como quien reza líneas aprendidas de memoria. En su juventud fue sub-gerente en Aeroclub Caracas, “la que quedaba en La Carlota cuando La Carlota existía, porque ahora es de los militares, antes era de una sociedad privada, sí...yo trabajaba ahí”.
Dice –con cualquier tono de voz- que le hubiese gustado estudiar medicina, pero con un tono de voz especial exclamó haber tenido dos marinovios a sus 50’s. “A esa edad no me venía la regla, por eso no tuve hijos, pero me hubiese gustado tenerlos”. Recuerda con nostalgia a Olwaldo, uno de sus queridos, murió a los 50 años a causa de una grave infección en la próstata. “Me gustaba lo blanco que era, lo refinado, era muy elegante y educado, la gente creía que era diplómatico, pero no”. En cuanto a la convivencia con sus compañeros: “me gusta estar aquí porque todos son muy educados, nos llevamos bien y jugamos bingo en las tardes. Las personas más cercanas a mí son Nubia que me cuida, me da las medicinas y Oliva que duerme en el mismo cuarto conmigo, yo duermo en la cama alta y ella en la baja". Comenta que le gustaría vivir en París, porque estuvo allá de vacaciones cuando tenía 20: “es preciosa, La Torre Eiffel es una belleza, estuve 15 días por allá”. Carmen continuaba en su verbo apresurado para cuando le pregunté si la vejez es proporcional a la sabiduría: “entre más viejo eres más sabio porque tienes más experiencia, has recorrido más la vida”. “¿Y qué es la vejez?”: “la enfermedad más grande” soltó como un buchado de licor que supo mal. 84 años de edad; eso de ipso facto se respeta.
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