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sábado, 27 de octubre de 2012

sábado, 25 de diciembre de 2010

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El pasillo

Matando tiempo, decidí entrar a una librería a ojear…lo que me llamara la atención. Terminé en la sección de Filosofía porque es una materia que a pocos interesa, quizás porque pretende esclarecer dudas sembrando más y asegura tener respuesta a las preguntas más enfermizas, esas que se encienden cuando…uno: estamos borrachos. Dos: despechados. Tres: a punto de dormir. Cuatro: todas las anteriores. “Filosofía”, allí, con su letrerito pecho de paloma y orgulloso, bajo el mando de libros perfectamente verticalizados, limpios, brillantes y nuevos ocupando un lugar, haciendo presencia, esperando reverencias, dándose a respetar a pesar de que tu mamá pondría cara de podrido si te escuchase decir: “cuando sea grande quiero ser filósofo”. A pesar de que engloba los tópicos más alcohólicos del saber humano. A pesar de que, si eres filósofo en Venezuela, lo más inteligente sería buscar trabajo en otro gremio. A pesar de que existe, pero no se nota…precisamente por lo mismo, porque somos de ella, pero no la vemos, y si la vemos, no importa. Nos contiene. Pasa desarpecibida, es un punto negro boyando en petróleo. Es preguntarte: "¿cuántas veces respiré hoy?" Y caer en cuenta que lo haces y no lo notas hasta que desconectan el oxígeno.

Desemboqué allí luego de pasar por “Psicología” (Discovery Channel muy bien la ilustra), “Educación” (cada vez con menos practicantes) y frente a muchos otros cartelitos que guiñaban el ojo con desespero de prostituta, que invitaban a mundos ya comprobados, expuestos, explotados y premiados, todo muy bien colocado sobre la plataforma del “esto es teoría, esto es verdad, cómprame, léeme, creéme”. Contrario a todo, en ese pasillo se está para resbalar en el "para qué", "por qué", "de dónde", "hacia dónde", "quién", entre esos laureles inciertos, tácitos, absurdos, torcidos y opuestos, donde no hay cordenadas que fraccionan lo que se imagina ni lo que se ve. Lo mejor, el manjar del asunto es la gente y lo que dicen. Ahí se concentra la curiosidad en pleno, viene el que ya leyó un poco de Astrología en el otro lado, la señora que dicta clases de cocina, el niñito con su puta gritería, no sabe leer pero finge que sí. El que regresa de comerse esos libros de diseño bombardeados de estímulos y universos, se acercan para quedar en cero, aquí se vuelven grises, inperceptibles, entrecomillados, silentes y niños. Se devuelven a la infancia, de 5, cuando todo era alto y se hacía enorme, no quedaba más que preguntar para comprender el todo de todo y por qué todo era tanto. Se llega aquí desinstalado de los vicios, de los daños, constriñendo las entrañas en el mismo espacio destinado para el corazón. Sucumbe el pulso, toda la superficie del cuerpo se hunde, los órganos afloran, y las patas de la sillas pasan a ser las piernas que perdimos en esta travesía. Se vacían las emociones, vaya sorpresa para ustedes, distinguidos, que llegaron obedenciendo a la conciencia, a la horrorizada humanidad que llevan dentro. Y les cae como bálsamo fresco porque se les nota. Retozan en la palabrería convicente de sabiondos venidos del siglo pasado, con sus temas que absorven, halan y escupen. Es más, creo que hay que tocar puertas antes de entrar. Es un pasillo en el que se camina de puntillas por los restos en el piso y las alturas que uno alcanza a lo largo de la semana, todo eso que se viene con el caminar y duele y pesa y molesta y arde… se queda allí, porque sales pensando en…
cosas muertas que nos viven.
Cosas vivas que nos matan.
Mata cosas que no vives.
Mata, vive, cosa, nada
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sábado, 6 de noviembre de 2010

Semáphoto

Y en plena búsqueda de cincos ,
al cruzar la calle, caigo en cuenta
que los 5emáforos tenían algo que decir.



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